Vida y oficio de un librero en Tlaxcala
- Filoletras UATx
- 6 abr
- 3 min de lectura
Ariadna Michelle| Filoletras
La labor del librero suele percibirse como un acto pasivo de custodia, pero para José Antonio Ramírez Luna, de 65 años, es una resistencia vital y una estrategia de supervivencia. En el corazón de Tlaxcala, tras un largo recorrido que comenzó en la Ciudad de México y pasó por Toluca, este hombre ha convertido el papel en su forma de vida, enfrentando crisis económicas, cambios tecnológicos y la evolución de los hábitos lectores en México.
La entrada de José Antonio al mundo de los libros fue producto de la curiosidad y la amistad, mientras visitaba a un amigo que trabajaba en una librería, quedó cautivado por el entorno: "Me gustó el ambiente, me gustó el trabajo y entré a trabajar en esa librería. Se llamaba Casa del Libro" nos relata el señor José Antonio. Lo que comenzó como un empleo se transformó en una carrera que lo llevó por instituciones emblemáticas como Librerías de Cristal, donde laboró durante nueve años, y posteriormente a Educal y diversas editoriales como vendedor.

Sin embargo, el camino no fue lineal. Tras enfrentar varios despidos, decidió emprender por su cuenta en 1991, vendiendo material fiscal y de leyes directamente a despachos y empresas. Esta etapa de independencia se vio truncada por la crisis del año 2000, obligándolo a reinventarse: "Se me vino muy dura la crisis. Y ya no tenía para comprar ahí y empecé a vender en escuelas" comenta José Antonio.
En 2022, José Antonio llegó a Tlaxcala con el objetivo de establecer un espacio que sirviera a la comunidad universitaria local. Aunque inicialmente su enfoque era surtir libros para los estudiantes de letras, filosofía e historia, la realidad del mercado lo obligó a diversificar su oferta. Fue entonces cuando descubrió un fenómeno editorial que antes rechazaba:
"Yo detestaba la superación personal [...], pero me di cuenta de que los libros de superación personal tienen mucha demanda" relata José Antonio.
A pesar de que estos títulos son el pilar económico de su librería actual, José Antonio mantiene una postura crítica sobre su eficacia real: "Es sano que se quieran superar, pero siento que aparte de que lean esos libros pues deben de trabajar... jamás se van a hacer ricos leyendo esos libros" afirma que el conocimiento es un proceso que requiere esfuerzo y acción.
Para el señor José Antonio, el negocio no se trata solo de transacciones, sino de la difusión del conocimiento. Su formación, aunque incompleta, en la carrera de Derecho y su hábito lector desde joven le permiten establecer un vínculo genuino con los lectores que llegan a su librería. Así mismo comenta que su método de trabajo es meticuloso: "A todos los libros les hojeo mínimo el índice para saber más o menos de qué trata y poder recomendarlos. Porque en el oficio si no sabes, pues no puedes recomendar".

Al ser consultado sobre el estado actual de la lectura, José Antonio se muestra preocupado por lo que percibe como una decadencia tanto en cantidad como en calidad. Atribuye parte de este fenómeno a la irrupción del internet y el uso excesivo del celular, hábito que él mismo reconoce que ha afectado su propia lectura, señalando: “como ahorita ya existe el internet [...] los muchachos piensan que ya no necesitan de los libros. Entonces el joven al no leer para hacer sus trabajos, va decayendo en la lectura. Siento que la técnica, en este caso el internet, pues, sí ha beneficiado, como todo, pero también ha perjudicado. Y a los libreros también” afirma José Antonio.
A pesar de describir el trabajo en la librería como "muy matado y sufrido", José Antonio encuentra una satisfacción profunda en su rol social. El encuentro con personas de diversos niveles económicos y culturales, desde amas de casa buscando recetas hasta doctores realizando sus investigaciones, le ofrece una riqueza que trasciende lo monetario.
Concluye con una nota de esperanza, afirmando que, “Sí hay suficientes lectores en México. Los poquitos que hay, yo digo que todavía son suficientes. El chiste está en la labor de todos de que se desarrolle el gusto por la lectura”.



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