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Sobre la hiperproductividad y el descanso

  • Foto del escritor: Filoletras UATx
    Filoletras UATx
  • 2 jun
  • 4 min de lectura

Uriel BARBA|filoletras

2 de junio del 2026

La vida hiperproductiva y el fenómeno de las épocas contemporáneas escasean la cantidad de horas que podemos dormir al día. Esto quiere decir que hoy en día el descanso es lujo. Las tareas de la universidad, el aseo de la casa, la jornada laboral de más de 8 horas y los viajes interminables de más de 5 horas en transporte público afectan de igual manera la percepción del tiempo. ¿Qué te hace falta más descanso? Échate un coyotito de media hora con un ojo abierto para que no se te pase la parada. ¿Qué no comiste bien en la mañana por salir a toda prisa? Cómprate un guajolocombo para desayunes y cuides tu monedero porque los menús que pueden sonar baratos en los Unites, a 10 o 20 dólares, aquí podrían quitarte hasta un 30% de tu quincena o de tu semana – ¿quién come en fondas o en restaurantes en la semana? Solo un trabajador bien remunerado en Latinoamérica podría costearse ir al Starbucks por un desayuno ultra refinado por lo menos dos veces al mes. Pero aquí, eso todo está por encima de las posibilidades del mexicano de a pie promedio. El descanso en el tercer mundo es un lujo que solo los de clase acomodada pueden darse. De acuerdo a esto, la Universidad de Salud y Ciencia de Oregon (OHSU por sus siglas en inglés), menciona que una mala calidad de sueño puede reducir tu esperanza de vida, además de traer consigo problemas de salud de alto riesgo. Estos datos fueron recopilados por una serie de encuestas que realizaron a un sector de su población en un lapso de 6 años, entre el 2019 y el 2025. Ahora, si se dice esto de una población que “casi tiene todo resuelto” – compras en línea, barredoras electrónicas, lavavajillas, un granero con una despensa que podría durarles meses y un índice de obesidad alto – imagínate vivir en la CDMX y cumplir con alguna de estas características: ser “estudiambre”, rentar con dos o tres roomies un departamento compartido que para alguien promedio sería impagable, con un trabajo de medio tiempo, cuentas compartidas, tareas y trabajos por cumplir y, ya sea que uno o dos tenga actividades extraescolares o que vayan al gym o hagan alguna otra actividad por gusto y estar en finales de semestre. ¿Cómo se puede tener un descanso así con tantas cosas que hacer? Desde ese punto hay de dos cosas: o redoblar esfuerzos para encontrar una manera de organización que se adapte a tiempos tan escasos o abandonar algunas cosas para darle importancia a los trabajos de la Universidad o la salud personal, provocando la caída a malos hábitos, tanto de salud, higiene y psicológicos. En otra investigación, también se aclara que esta falta de descanso podría acelerar la aparición de enfermedades de viejitos a tan temprana edad. El Alzheimer o el Parkinson podrían aparecer a temprana edad, al igual que la diabetes, la hipertensión, ácido úrico, entre otras más. Imagínate padecer cualquiera de estas enfermedades a una edad entre los 20 y los 30 años. Incluso, en un artículo del periódico Síntesis, se decía que el estrés sería una de las enfermedades del mundo moderno. Leído a los 12 años, hacen casi 13 años anteriormente. No se equivocaba aquel periodista que realizó dicha nota. Y no podemos excluir a las enfermedades psicológicas que se pueden presentar por un aislamiento autoimpuesto para cumplir con tus obligaciones. Un problema que crece como una bola de nieve. Realemente el descanso en Latinoamérica es un lujo. Estamos a finales de semestre, pero aún se siente el cansancio por ir de prisa, salir tarde de casa y esperar que el transporte público, que hace paradas cada esquina, esperar 10 o 15 minutos o hasta que se llene, sin desayunar ni dormir y esperar a que nos deje en nuestro destino en menos de lo que canta el gallo. Para colmo, son cinco minutos antes de la hora de entrada. Siendo sincero, esto fue provocado por todos y cada uno de los puntos antes mencionados por la culpa del capitalismo actual. Producir, producir, producir. Consumir, consumir, consumir. 24/7. No somos máquinas. Hay que reflexionar, yo como parte de un país que la costumbre ante todas las situaciones es consolarte con un “échale ganas”, ¿Cómo podría echarle más ganas de las tantas veces que ya las he agotado y lo único que quiero es ir a dormir todo el día en mi cama? No puedo solamente “echarle ganas” a lo que ya lo he estado haciendo. Ya no me quedan más ganas para levantar mi propia existencia sobre unas muletas qué están a punto de romperse. Todos tienen una razón por la cual seguir adelante, pero, si esa razón está totalmente destrozada ya, ¿te seguirías parando? No lo sabemos aún, pero, como “estudiambre” a punto de graduarse, el tiempo post-Universidad que voy a pasar, lo dedicaré a tres cosas: mi salud y bienestar de vida, un trabajo y mis proyectos. Otras cosas más ya no podré darles la misma importancia. Quiero, por lo menos, tener unos añitos más antes que las “amanecidas”, los atracones y mis malos hábitos cobren facturas en mi salud.

 
 
 

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