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Más allá de la teoría: Empatía y humanidad en la psicoterapia

  • Foto del escritor: Filoletras UATx
    Filoletras UATx
  • 22 mar
  • 4 Min. de lectura

América Robles | Filoletras

22 de marzo


La bruma mental crece entre el caos de la vida cotidiana, las exigencias sociales y las inquietudes que atormentan. En ese ir y venir, existe una línea de fuga para el malestar: la salud mental. Esta se refiere a la capacidad de gestionar emociones y sentimientos de forma resiliente y asertiva. Poco a poco se está normalizando nombrar aquello que nos angustia y nos aqueja, sin embargo, es un tema que, debido a los prejuicios sociales, aún requiere de difusión. Por tal motivo, ser parte de los profesionales de la salud mental es un acto de resistencia y vocación para darle un giro positivo a nuestra sociedad. Tal es el caso de Daniela Juárez Pérez, una joven tlaxcalteca de 26 años, psicóloga especialista en Terapia Cognitivo Conductual.


Cortesía: Daniela Pérez

Daniela se interesó en estudiar Psicología porque es una disciplina que invita a cuestionar constantemente la forma en que entendemos nuestro entorno y a nosotros mismos. Para ella, lo más importante es que: “La psicología no trabaja con fórmulas generales que apliquen igual para todos, sino que busca comprender a cada persona desde su contexto, su historia y su experiencia lo que implica un enfoque más humano, donde no solo se trata de explicar la conducta, sino de entenderla de manera integral”.

El consultorio se vuelve un espacio seguro e íntimo para conectar con el otro. Daniela afirma que es una experiencia grata, pues con cada paciente surge un espejismo de reconocimiento, así como un pacto de escucha activa y un sitio donde se comparte la vulnerabilidad. Dentro de su trayectoria destacan los cuatro años como terapeuta en la Clínica Metropolitana de Salud Integral de Tlaxcala, también su participación en la Colectiva Mujeres Talentosas MX, y las terapias o acompañamientos que brinda como psicóloga independiente.

Como resultado de su recorrido profesional, Daniela reconoce algunos retos fundamentales. Principalmente está la precariedad laboral, a pesar de que la salud mental está tomando relevancia en el foco común, la oferta laboral es limitada y con salarios que no cubren las necesidades básicas. Afirma que para poder ofrecer servicios de psicoterapia, no basta con la licenciatura, sino que se requiere de una especialidad o posgrado en psicología clínica, lo cual representa un mayor tiempo de estudio y formación, contra un mercado laboral inestable.

Así, ser terapeuta es un camino que se transita poco a poco, ya sea para ganar pacientes, construir una reputación respetable u orientarse en aspectos legales y administrativos. Lo anterior causa que muchos abandonen la profesión o no le den seguimiento. Asimismo, Daniela cuenta que debido a su juventud, se ha enfrentado a los prejuicios sociales, ya que algunas instituciones o pacientes cuestionan su preparación, experiencia laboral o la eficacia del servicio, por lo cual, se genera una barrera en la confianza de los consultantes.

Por otro lado, el estigma cultural es tangible en el estado. Muchas personas se niegan a revisar su salud mental, debido a la creencia de que quienes piden ayuda son débiles o incompetentes. Además, existe el reto de tropezar con barreras estructurales, las cuales limitan el tiempo y los recursos de los pacientes, por lo que Daniela reitera que siempre busca ajustar los costos y los horarios con el fin de que obtengan el tratamiento y mejoren su calidad de vida. Comenta también que percibe como principales problemas de salud mental: temas de ansiedad, trastorno de pánico, depresión, desregulación emocional y sobre todo, evitación experiencial, la cual se refiere al intento constante de no transitar las emociones desagradables.

A pesar de las dificultades que implica abrirse paso en la psicoterapia, para Daniela pesan más los beneficios, entre los que identifica la satisfacción por la vocación, ver los avances con los pacientes, la flexibilidad del tiempo, la posibilidad de trabajar en línea, la libertad y el control del propio trabajo.

La misión de Daniela no es cambiar la mentalidad de los consultantes, sino brindar aceptación genuina, acompañamiento y herramientas para cuestionar o resignificar las creencias que interfieren con su bienestar. Siempre se trata de un trabajo colaborativo sin imposición ni dependencia. Daniela concluye que su profesión requiere de un gran compromiso, ya que considera la estabilidad mental como un factor de salud determinante, por lo que insiste en que:


“Cuidar la salud mental no significa solamente acudir a terapia en momentos de crisis, sino aprender a reconocer nuestras emociones y pedir ayuda cuando la necesitamos. Buscar apoyo no es un signo de debilidad, sino de responsabilidad con uno mismo. Como comunidad, también tenemos un papel importante: generar espacios más empáticos, informados y libres de estigma, donde las personas puedan hablar de lo que sienten sin miedo a ser juzgadas”.


Profesionales apasionados y comprometidos con su llamado logran cambiar la vida de las personas de su entorno, ese es el caso de Daniela Juárez Pérez, quien dedica todo lo posible a sus pacientes para ofrecer un servicio efectivo en favor de la comunidad. Ser psicóloga no es un simple trabajo, sino una labor que impacta en los otros desde la empatía y la humanidad.

 
 
 

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