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“La vida en la plata: trayectoria, disciplina y pasión de un subalterno en la tauromaquia”

  • Foto del escritor: Filoletras UATx
    Filoletras UATx
  • 18 mar
  • 4 Min. de lectura

Entrevista

Realizada por Noé Xochitiotzi Ramírez a el subalterno Diego Martínez Morales.


Entrevistador: Buenas noches, matador.

Entrevistado: ¿Qué tal, Noé? Buenas noches.

Entrevistador: Un gustazo y gracias por acceder a darme esta entrevista. Es para la materia que llevo en la universidad.

Entrevistado: Sí.

Entrevistador: Me dijeron que tendría que ser alguien importante, relevante, con una trayectoria en cualquier ámbito, ya sea cultural, académico o educativo, y pensé en usted, matador. Para no quitarle mucho tiempo, hablaremos un poco de su vida como torero de plata, saber de su camino por esta tan apasionante y bonita fiesta brava.

¿Cómo inició su camino en la tauromaquia y qué lo llevó a convertirse en subalterno?

Entrevistado: Bueno, primero que nada, te agradezco muchísimo por haberme tomado en cuenta para esta entrevista, para esta materia que es de tu especialidad. Empecé desde muy niño, desde muy chiquito. Vengo de familia taurina: mi tío fue el maestro Girón, Roberto Morales Girón, hermano de mi mamá. Soy hijo de José Pablo Martínez, que también en su momento fue novillero de la época de El Pana, más o menos, y después se hizo apoderado de algunos toreros. Actualmente, desde hace muchos años, es brazo derecho de Pepe Arroyo, dueño del restaurante Arroyo.

Desde muy pequeño me empezó a gustar este tema de los toros. Desde los cuatro años, más o menos, me dice mi mamá que ya me llevaban a torear como torero cómico, ya que mi papá, junto con mi tío y un compadre suyo, tenían la cuadrilla cómica de Don Gato y su cuadrilla.

En ese tiempo, Armando Hidalgo era Don Gato, mi tío Girón era Benito y mi papá era el representante.

Me llevaban, me vestían de gatito; desde muy bebé tengo fotos, me pintaban y me ponían un mameluco azul con blanco.

Posteriormente quise ser novillero. Toreé muy pocas novilladas: en el Rancho del Charro, en el Lienzo Charro del Pedregal, en el cortijo de Óscar Orta y algunas otras. Desafortunadamente —o afortunadamente— no pude destacar, había muchísimos novilleros en ese tiempo. En algún momento mi papá me dice: “¿Por qué no te haces subalterno? Puedes empezar a ganar dinero de eso y, si funcionas, serás de los pocos que viven de la profesión”.

Empecé como aspirante a banderillero en el 2001. Duré tres años y medio, haciendo alrededor de 222 festejos. Terminé haciendo mi examen en Torreón, Coahuila, en la plaza Valente Arellano, en un cartel con Óscar San Román, Jerónimo y Federico Pizarro, con una corrida de La Misión. Ahí comienza mi carrera como subalterno.

Entrevistador: En este rol de subalterno, ¿quiénes fueron sus referentes para convertirse en torero y quiénes lo guiaron en esta etapa?

Entrevistado: Mis referentes para ser novillero fueron todos los toreros que veía en casa. Llegaban muchísimos porque mi tío Girón era sastre de toreros. Vi pasar a Leonardo Benítez, Federico Pizarro, Alfredo Gutiérrez, Capea padre, entre muchos otros. También recuerdo ropa de Enrique Ponce, César Rincón, El Chilolo, Chilolín… y grandes figuras como Mariano, David Silveti, Miguel Espinosa “Armillita”, Eloy Cavazos, Manolo Martínez.

Para ser banderillero, mi primer maestro fue Armando Hidalgo, Don Gato. Después, Fernando Grajales, a quien le estoy muy agradecido. Más adelante, tuve la fortuna de andar con el matador portugués Mario Coelho, quien me exigió muchísimo y me enseñó gran parte de lo que soy hoy en día.

Entrevistador: ¿Cómo describiría la importancia del subalterno dentro de una corrida?

Entrevistado: La fiesta ha cambiado mucho. Antes, los toreros llevaban siempre a su misma cuadrilla, se formaba una hermandad muy fuerte. Uno se ponía la camiseta por su torero y daba la vida por él.

La responsabilidad es enorme. Si el torero voltea, debe saber que estás ahí para ayudarlo. Mario Coelho me decía: “Si un toro me coge, antes de que caiga al suelo, tú ya debes estar quitándomelo”. Eso implica compromiso, preparación y mucha valentía.

Entrevistador: ¿Cuáles son las funciones principales de un subalterno en el ruedo?

Entrevistado: Saber lidiar al toro es fundamental: entender su comportamiento, sus terrenos, sus querencias. También es importante aconsejar al torero desde el burladero: decirle si debe cruzarse, darle tiempo o cambiar de lado.

Con las banderillas es igual: hay toros que se arrancan de lejos y otros que necesitan confianza. Todo eso lo da la experiencia, el tiempo y el sitio.

Entrevistador: ¿Qué emociones se viven al apoyar a un torero en una corrida?

Entrevistado: La primera tarde con un torero es clave: ganarte la segunda. Si triunfa, es una satisfacción enorme; si no, queda un vacío.

Cuando ya tienes una carrera con un torero, el compromiso es mayor. Siempre he pensado que al toro que lidio hay que cortarle una oreja. El triunfo del torero también es el tuyo, y su fracaso también se siente.

Entrevistador: Finalmente, ¿qué se necesita para que la fiesta brava siga viva?

Entrevistado: Respetarla. Desde el ganadero, que lleve un buen encierro; los toreros, siendo profesionales e íntegros; los aficionados, con respeto y pasión; y los empresarios, pensando en el público.

La fiesta del toro es del pueblo y para el pueblo.

Entrevistador: Muchas gracias, matador. Ha sido un honor. Espero volver a verlo en la plaza.

Entrevistado: Gracias a ti, Noé. Con gusto nos veremos nuevamente. Que Dios nos permita seguir compartiendo esta pasión por muchos años.

Ambos: Buenas noches.



Par de banderillas
Par de banderillas

 
 
 

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