La palabra que resiste: Irma Pineda reflexionó sobre literatura y lenguas originarias
- Filoletras UATx
- 23 abr
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Cheirla CARMONA|filoletras
23 de abril del 2026

Foto: Álvaro Balbuena
En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, y en el marco del Día Mundial del Libro, la poeta zapoteca Irma Pineda impartió una conferencia en la que abordó la relación entre literatura y lenguas originarias, en una mesa moderada por la Dra. Marisol Nava Hernández.
Desde un tono reflexivo y profundamente crítico, Pineda planteó que la literatura indígena es inseparable de la vida comunitaria, ya que, no solo expresa la sensibilidad de quien escribe, sino que encarna el pensamiento filosófico de los pueblos, la memoria transmitida por los ancianos y la experiencia cotidiana que se transforma en palabra. En ese sentido, cada texto se configura como un espacio donde convergen historia, identidad y una concepción particular de belleza y armonía, propia de cada cultura.
La autora enfatizó que escribir en una lengua originaria implica sostener una forma de mirar el mundo. No se trata únicamente de preservar un idioma, sino de defender una estructura de pensamiento que ha sido históricamente desplazada. Este desplazamiento, señaló, responde a procesos de larga duración marcados por la discriminación estructural y la colonialidad del ser y del saber, que han impuesto jerarquías lingüísticas y culturales desde las instituciones.
En este contexto, la literatura emerge como un acto político y poético a la vez. La palabra escrita en lenguas originarias no solo nombra, sino que resiste, reconfigura y devuelve dignidad a aquello que ha sido silenciado. En la obra de Pineda, esta tensión se vuelve visible, su escritura transita entre el zapoteco y el español sin subordinar una lengua a la otra, sino estableciendo un diálogo que interpela al lector y desestabiliza las nociones hegemónicas de cultura.
A lo largo de la conferencia, también se abordaron las condiciones actuales que continúan propiciando el desplazamiento lingüístico, así como la urgencia de generar espacios para el desarrollo, difusión y revitalización de las lenguas originarias. La reflexión no se limitó al ámbito académico, sino que apeló a una responsabilidad colectiva, la de reconocer que en cada lengua habita una forma distinta de comprender el tiempo, la comunidad y la existencia.
Más que una exposición, la intervención de Irma Pineda se configuró como un llamado a escuchar. A entender que la literatura indígena no ocupa un margen, sino que abre un centro posible desde donde repensar el mundo. Porque, como quedó sugerido en su palabra, cuando una lengua resiste, no solo sobrevive: vuelve a nombrar la vida.



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