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La memoria en un clic: entrevista con Leticia Polvo

  • Foto del escritor: Filoletras UATx
    Filoletras UATx
  • 10 abr
  • 4 min de lectura

Carolina HERMIDA | filoletras

10 de abril del 2026

Entre los engranajes visibles e invisibles de la vida universitaria, hay figuras cuya labor sostiene, articula y da continuidad a los procesos que marcan el paso de los estudiantes por la institución. Leticia Polvo Pluma es una de ellas. Desde la Facultad de Filosofía y Letras de Tlaxcala, su trabajo abarca múltiples responsabilidades que dialogan entre sí: es responsable de titulación en los niveles de licenciatura, especialidad y maestría; resguarda la memoria material como encargada de patrimonio universitario; garantiza la ética institucional desde la transparencia y la protección de datos; y, al mismo tiempo, cuida las formas y los instantes como responsable de protocolo y fotografía.

Su presencia no sólo organiza y acompaña momentos clave, como el cierre de los procesos académicos, sino que también los documenta y preserva. Así, su mirada se desplaza entre lo administrativo y lo sensible, entre el archivo y la imagen, construyendo una memoria viva de la facultad. Esta entrevista se acerca a esa doble dimensión: la de quien gestiona trayectorias y, al mismo tiempo, las convierte en recuerdo.

—Gracias por aceptar la entrevista. Siempre la veo presente, con su cámara, y eso me despertó la curiosidad: ¿qué recuerdos llegan primero cuando piensa en estos 19 años en la facultad?

—Me vienen muchos, pero sobre todo los de las generaciones que han pasado. He visto crecer a los chicos y a las chicas, acompañarlos en su proceso de titulación… y es muy bonito verlos después, ya titulados, incluso trabajando aquí mismo. Algunos llegaron siendo muy jóvenes, los conocí casi como adolescentes, y ahora son colegas, docentes, incluso con otras responsabilidades dentro de la facultad. Eso, para mí, es lo más significativo.

—Usted ha estado presente en el cierre de muchas historias académicas. ¿Cómo vive esos momentos en los que un estudiante se titula?

—Son muy emotivos. Para mí no es sólo un trámite administrativo. Cada titulación representa esfuerzo, sacrificio. Sé que muchos estudiantes vienen de contextos complicados: viajan desde lejos, rentan, están lejos de su familia. Entonces, cuando los veo titularse, veo todo ese camino detrás. Eso es lo que más me mueve.

—¿Han cambiado las ilusiones o los miedos de los estudiantes con el tiempo?

—Cada generación es distinta, pero hay algo que no cambia: la emoción y los nervios. Incluso en una toma de protesta, que parece algo sencillo, siempre están nerviosos. Y cuando es un examen profesional, claro, los nervios aumentan. Pero al final siempre hay satisfacción. Esa mezcla de emoción, miedo y logro sigue siendo la misma.

—Desde su experiencia, ¿qué hace que algunos logren titularse y otros se queden en el camino?

—El proceso no es sencillo. Influyen muchas cosas, pero sobre todo lo económico. Hay estudiantes que necesitan trabajar, que no cuentan con los recursos, y eso retrasa o detiene su titulación. Aun así, cuando lo logran, es doblemente valioso. Yo creo que quienes se titulan lo hacen por esfuerzo y dedicación; quienes no, muchas veces es por circunstancias personales, no por falta de capacidad.

—Hay algo muy particular en su trabajo: mirar la facultad a través de la fotografía. ¿Qué significa eso para usted?

—Es una forma de contar la historia. Cada imagen no es sólo un evento, sino un momento irrepetible: emociones, logros, encuentros. A veces reviso fotos de años atrás y pienso: “sí es cierto, esto pasó”. Me gusta saber que esas imágenes, con el tiempo, se convierten en memoria, en un archivo vivo de la facultad.

—¿Hay alguna imagen que se haya quedado con usted más allá del instante?

—Las graduaciones. Ahí se concentra todo: la emoción de los egresados, de sus familias, de los docentes. Ves las caras, los nervios, los aplausos… Es muy especial. Pero en realidad, cada evento tiene algo en común: está lleno de emociones, y eso es lo que se captura.

—Después de ver pasar tantas generaciones, ¿qué cambios percibe en los estudiantes?

—Ahora son más abiertos, más expresivos. También enfrentan más exigencias laborales: ya no basta con terminar, necesitan título, certificaciones, otros conocimientos. Tienen más herramientas, sobre todo tecnológicas, pero también es otro ritmo. Son otros tiempos.

—¿Y la facultad misma, ha cambiado?

—Mucho. Antes no había suficientes espacios; incluso teníamos que movernos a otros edificios. Ahora hay más infraestructura, más aulas, un auditorio. Ha crecido y eso mejora las condiciones para todos: estudiantes, docentes y administrativos.

—Su trabajo implica una presencia constante en la vida cotidiana de la facultad. ¿Cómo ha construido ese vínculo con la comunidad?

—A través del contacto. He pasado por distintas áreas y eso me ha permitido acercarme a estudiantes, docentes y personal. Quizá muchos no saben exactamente cuáles son mis funciones, pero me identifican por la cámara. Yo procuro dar confianza, mantener comunicación. Al final, soy de las últimas personas con las que tienen contacto antes de egresar… y a veces incluso después.

—Si tuviera que resumir la Facultad de Filosofía y Letras en una sola imagen, ¿cómo sería esa fotografía?

—Serían los pasillos y la plaza central. Un espacio tranquilo, pero lleno de vida: estudiantes caminando, conversando, riendo. Una imagen que refleje cercanía, convivencia… comunidad.

Leticia Polvo no sólo registra la historia de la facultad: la acompaña. En cada fotografía hay algo más que luz y encuadre; hay tiempo detenido, esfuerzo acumulado, despedidas y comienzos. Quizá por eso, al final, su trabajo no consiste únicamente en capturar imágenes, sino en resguardar aquello que, de otro modo, se perdería: la emoción de estar y haber estado ahí.


 
 
 

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