El naufragio de los días perfectos
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América LIZBETH | Filoletras
29 de mayo
Despiertas. Con los ojos entreabiertos, enciendes el celular, abres Tik Tok o Instagram y comienzas a scrollear. Entre tantos reels, tu mente adormilada se comienza a saturar: ¿Lees lo suficiente? Yo leo tres libros a la semana… Un plan normal con mis amigos es acampar… Levántate a las 5:00 a.m. para cambiar tu vida… La gente exitosa no pasa su día viendo el celular… Lo mínimo es que tu pareja te dé flores en cada cita… son algunos de los discursos que, sin contexto, integras a tu vida. Empiezas el día deseando cosas que antes de verlas como aspiracionales, ni siquiera sabías que te importaban. Con insatisfacción total provocada por el contenido de las redes, sí, algo así como lo que dice Leiva en su canción “Sashimi”.

El debate en torno a las redes sociales es constante, lejos de señalar el tiempo que consumen del usuario, los condicionamientos, el robo de datos y demás, en esta ocasión, me interesa poner de manifiesto el daño que realizan a través de la imposición de expectativas irreales, fuera de contexto, e incluso, ridículas para los individuos. Las personas se han olvidado de ver a su alrededor, no recuerdan qué es dialogar, reparar y vivir sin una pantalla de por medio, por eso, al estar en contacto con el contenido de las redes, es común que terminen por apropiarse de las experiencias, los ideales y la vida de otros.
Por tal razón, un video diciendo que un novio debe seguir todas las tendencias y regalar, por ejemplo, las flores amarillas el 21 de marzo, causa que se vuelva una regla social y una prioridad contra otras demostraciones genuinas de afecto. Las personas se olvidan de que los detalles no tienen calendario absoluto, no se rigen por la tendencia del hashtag ni por el número de historias que verifiquen ante los demás que tienes una buena relación. Ni hablar de los roles de género encubiertos con los nombres de “energía femenina o masculina”.
Por otro lado, sucede también con las amistades, pues se crean las expectativas de si salieron a tal lugar, por mencionar el cine o a desayunar para subir una historia aesthetic, si hacen planes divertidos y arriesgados o si se hablan todo el tiempo. Asimismo, se hace presente la idea de que los amigos deben estar para ti siempre ignorando sus propias circunstancias. Incluso, se impone una creencia de que los amigos deben soportarse todo, o tolerar conductas desalineadas con sus propios valores, para entonces sí tener una amistad “real” basada en el número de historias juntos.
La inmediatez del internet nos ha robado el privilegio de la intimidad. No todo es monetizable, no todo debe ser una historia de Instagram y no todos los reels pueden aplicarse en tu realidad. Por supuesto, los videos orientativos basados en la ciencia suelen ser beneficiosos para los usuarios, sin embargo, la exposición constante a diversas opiniones que se replican con contundencia y desde la ignorancia, están cambiando negativamente nuestra percepción de cómo debemos relacionarnos. Es como vivir con un filtro constante que no nos permite reconocer al otro ni conocernos a nosotros mismos.
Por eso, es necesario que aprendamos a ser realistas, si bien es algo positivo apreciar los detalles de lo cotidiano, o como se dice popularmente: “romantizar nuestra vida”, también es necesario saber afrontar las irregularidades de la existencia, en la que no todo es una toma perfecta. Tomar un respiro de la virtualidad, convivir con nuestros pensamientos y la gente que nos rodea, dejar de tener expectativas imposibles, así como no implementar a nuestras creencias, sin cuestionamientos, la opinión de un extraño, a la larga, cuida mucho nuestra salud mental y los vínculos con los que amamos.



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