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“El arte siempre abre grietas”: Alexis Ruiz Pinacho y la resistencia de crear en Tlaxcala

  • Foto del escritor: Filoletras UATx
    Filoletras UATx
  • 2 jun
  • 4 min de lectura

Carolina HERMIDA|filoletras

2 de junio del 2026

En tiempos donde la velocidad dicta el ritmo de la vida y todo parece justificarse desde la productividad, hablar de arte podría parecer un acto contracorriente. Sin embargo, para Alexis Ruiz Pinacho, artista plástico y docente de la Escuela de Arte de Tlaxcala (EDART), donde ha impartido clases durante los últimos ocho años, el arte sigue siendo una necesidad profundamente humana: un refugio, una forma de pensamiento y también una manera de resistir.

La conversación transcurre entre reflexiones sobre la enseñanza artística, las nuevas generaciones de creadores tlaxcaltecas y la necesidad de recuperar la sensibilidad en medio de un mundo cada vez más pragmático. Alexis habla pausadamente, como quien todavía cree en el poder de detenerse a mirar.

El arte como pausa y conciencia

Para Alexis, el arte ocupa un lugar indispensable dentro de la vida cotidiana y social, especialmente en una época marcada por la inmediatez y la superficialidad.

“El arte es necesario”, afirma. “Las personas necesitan un momento de reflexión, de introspección. El gozo estético puede ayudarnos a vivir de manera más consciente en un mundo cada vez más vertiginoso”.

Lejos de pensar que el interés artístico se ha perdido, considera que Tlaxcala atraviesa un momento importante: cada vez más jóvenes optan por disciplinas artísticas como una forma legítima de construcción personal y colectiva.

“Eso significa que existe una necesidad estética más allá de las tendencias digitales”, explica.

Resistir desde la creación

Hablar de arte, para Alexis, también implica hablar de resistencia. No solo frente a la rapidez del mundo contemporáneo, sino frente a estructuras sociales que limitan la sensibilidad y el pensamiento crítico.

“Hacer arte es resistir”, dice con firmeza. “Resistir ante la injusticia social, ante las limitaciones del lenguaje y ante una educación que muchas veces deja fuera al arte”.

En su visión, la ausencia de experiencias artísticas dentro de la formación humana empobrece la manera en que las personas piensan y se relacionan con el mundo. Por ello insiste en que disciplinas como la literatura, la pintura o la música no deberían verse como un lujo, sino como herramientas fundamentales para la construcción del conocimiento y la sensibilidad.

Aprender a mirar distinto

Su formación en Artes Plásticas transformó también su manera de observar aquello que otros podrían considerar ordinario.

“La mirada cambia en la medida en que se nutre”, explica. “En el proceso de dibujar descubres cosas que no conocías. Hay momentos de eureka que te hacen pensar desde otras perspectivas”.

Para él, el arte enseña a mirar más allá de lo evidente. Lo cotidiano deja de ser únicamente funcional y comienza a revelar dimensiones simbólicas, emocionales e intuitivas que normalmente pasan desapercibidas.

Nuevas generaciones que rompen paradigmas

Desde su experiencia como docente en EDART, Alexis percibe una transformación importante en las nuevas generaciones de artistas tlaxcaltecas. Considera que los jóvenes ya no buscan únicamente convertirse en referentes individuales, sino generar vínculos comunitarios y diálogo social a través del arte.

“Antes se repetían mucho las mismas fórmulas o las tendencias de ciertos artistas consolidados”, comenta. “Ahora los jóvenes quieren conectar con lo social, con la política, con la comunidad”.

Esa transformación también se refleja en la enseñanza artística. A diferencia de generaciones anteriores donde prevalecía cierto celo por transmitir conocimientos, hoy muchos artistas encuentran en la docencia una forma de compartir y potenciar sus propios procesos creativos.

“Talleres de gráfica, proyectos independientes, colectivos… hay mucho movimiento. Los jóvenes siguen creando incluso con las limitaciones institucionales y políticas que existen”.

Persistir en el arte

En contextos donde las profesiones artísticas suelen ser subestimadas, Alexis entiende la permanencia en el arte como una necesidad vital.

“Persistir en el arte ha sido un alivio”, confiesa. “Me ha transformado internamente y ha cambiado mi manera de vivir”.

Más que pensar el arte desde el reconocimiento o el éxito económico, lo concibe como un espacio de desarrollo humano que atraviesa todas las áreas de la vida. Cree que el arte tiene la capacidad de conectar disciplinas, personas y experiencias cotidianas.

“No necesitamos ir a un museo lejano para encontrarnos con el arte. Está también en la lectura, en la escritura, en la música, en las pequeñas experiencias sensibles del día a día”.

El arte todavía incomoda

En medio de una cultura dominada por las redes sociales y la búsqueda constante de visibilidad, Alexis advierte que existen prácticas artísticas que parecen conformarse únicamente con “ser vistas”. Aun así, sostiene que el arte auténtico continúa teniendo la capacidad de cuestionar e incomodar.

“El artista siempre es político”, asegura. “El arte abre grietas y encuentra nuevas posibilidades”.

Especialmente en contextos como México, considera que la creación artística surge muchas veces desde la precariedad, pero también desde la imaginación y la necesidad de decir algo distinto.

Volver a los materiales y a la raíz

Actualmente, Alexis atraviesa una búsqueda personal relacionada con los materiales y la identidad cultural. Aunque ha explorado distintos lenguajes visuales, reconoce que hoy le interesa profundizar en materiales vinculados con la tradición escultórica y artesanal de Tlaxcala: la piedra, la madera, la cerámica.

“Quiero encontrar una propuesta que dialogue con mis raíces desde un lenguaje contemporáneo”, explica.

Para él, los materiales también poseen una carga simbólica. Cuestiona, por ejemplo, el uso automático de soportes heredados de tradiciones europeas y propone volver la mirada hacia elementos más cercanos al territorio y a la memoria colectiva.

El arte como refugio

Antes que una profesión, el arte fue para Alexis un refugio. Con el tiempo comprendió que también era una disciplina seria y una forma legítima de habitar el mundo.

“No morirte intelectualmente también es una forma de supervivencia”, dice.

Recuerda que durante mucho tiempo escuchó frases como “te vas a morir de hambre” por elegir el camino artístico. Sin embargo, insiste en que el arte le ha permitido construir una vida con sentido.

“Qué horrible vida sin el arte”

Hacia el final de la conversación, surge una pregunta inevitable: ¿por qué el arte sigue siendo necesario en un mundo utilitario?

Alexis sonríe antes de responder.

“No necesitábamos a Picasso para vivir, pero qué bueno que existió”, dice. “No necesitábamos la literatura ni la música para sobrevivir… pero qué horrible vida sería sin ellas”.

Su respuesta queda suspendida unos segundos en el aire, como si resumiera todo lo dicho antes: el arte quizá no responda a la lógica de la utilidad inmediata, pero sigue siendo uno de los pocos espacios capaces de recordarle al ser humano que también necesita asombro, sensibilidad y belleza para existir.


 
 
 

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