El arte de mirar al otro | Entrevista a la maestra Beatriz Ocaña Ramos
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América LIZBETH | Filoletras
24 de mayo
La docencia es un llamado especial que, en muchas ocasiones, se presenta como una oportunidad inesperada y transformadora. Ese es el caso de la maestra Beatriz Ocaña Ramos, pues transcurría el año 2014, cuando fue invitada a impartir un curso de filosofía para niños durante el verano, sin saber que después formaría parte de la planta docente de Filosofía y Letras. Hoy en día, es maestra de la licenciatura en Filosofía y coordinadora de la misma. La odisea por la coordinación se remota al año 2017 cuando ocupó el cargo por primera vez. Posteriormente, se dedicó a dar clases, hasta que en el pasado 2025, tras el lamentable deceso del doctor José Antonio Mateos Castro, fue invitada a tomar el cargo por segunda ocasión.

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La maestra Beatriz vislumbra su vocación como una decisión apremiante, durante la preparatoria encontró distintos intereses, entre los que destacan la Sociología, la Enfermería, la Psicología y la Biología, sin embargo, estando en los últimos semestres del bachillerato conoció por fin un área que le interesaba por sobre las demás: la Filosofía. Así, con determinación firme, y a pesar de las dificultades del confinamiento por la influenza, en el 2009 se dirigió a la Facultad de Filosofía y Letras de la UATx, incluso, recuerda con nostalgia que el examen vocacional se lo aplicó el doctor José Antonio Mateos.
Tras egresar de la licenciatura, trabajó como docente en la preparatoria general “Domingo Arenas” en Tepetitla de Lardizábal. Fue su primera experiencia frente a un grupo y comenta que en este periodo impartió varias materias como Historia de México, Derecho, Literatura, y Administración, lo cual fue un reto que no dudó en tomar. Por esta situación, tuvo que estudiar otras disciplinas, sin embargo, no pierde de vista que durante el proceso pudo seguir relacionando los nuevos conocimientos con la filosofía. Afirma que estas experiencias fortalecieron su vocación como docente, ya que es indispensable que los maestros estudien continuamente y no dejen nada por sentado.
Para junio de 2014, la invitaron a impartir un curso de filosofía para niños, lo cual dio lugar para que fuera contemplada en el área docente de la licenciatura en Filosofía. De esta manera, comenzó a laborar impartiendo materias de tronco común, como Autorrealización, más tarde Lógica y Estética, posteriormente asignaturas acordes al programa de Filosofía. A partir de entonces, se ha enriquecido con la convivencia de alumnos de las distintas licenciaturas de la Facultad. Para la maestra Beatriz esto no es desagradable, sino que se configura como un desafío que la impulsa a salir de “la zona de confort”, de tal forma que no hay conocimiento absoluto, sino muchas perspectivas para entender el mundo. “La filosofía es eso, la búsqueda hacia una verdad, posibilita el diálogo con otras disciplinas y eso es lo que abre horizontes”- comenta.
Las experiencias más significativas son difíciles de enumerar, sin embargo, resalta el diálogo que ha establecido con los estudiantes y los aprendizajes constantes, expresa la maestra que: “Estar en contacto con el otro rompe tu discurso”, es decir, es en el diálogo donde existe el verdadero saber, además de que considera muy importante crear vínculos sólidos y de amistad con sus estudiantes, ya que los egresados se convierten en colegas y parte de la comunidad académica.
Naturalmente, existen claroscuros en la profesión, declara que ve como dificultad las susceptibilidades de los estudiantes, causadas por problemas emocionales, disfuncionales o de adicciones. Por lo tanto, la maestra Beatriz reconoce en la docencia una forma de adaptación constante a los alumnos. En consecuencia, ha aprendido a convivir con los estudiantes como una compañera y consejera, y no sólo como autoridad.
Por otro lado, la maestra expresa que ser docente también implica saber sobrellevar las cuestiones fuera del aula, tales como: problemas familiares, sociales o ambientales, pues aunque: “Ser docente es estar para el otro”, confiesa que cuando se tienen problemas es necesario contar con la habilidad de sobreponerse porque, en sus palabras: “Hay otros que cuentan contigo”. Así, la resiliencia y la responsabilidad forman parte del currículum de un maestro. El camino de la docencia no es lineal y sólo quien lo vive sabe de los matices, el significado y la gratificación que conlleva la profesión.
Aunque es difícil definir a la docencia, la maestra Beatriz no la percibe como un acto unidireccional, sino como: “Un proceso de reciprocidad, un camino que se va forjando del alumno al docente. La figura del saber es la búsqueda constante y amar lo que sabemos, a su vez compartirlo en un sentido de empatía, altruismo, y tolerancia. Un camino de abrir posibilidades y horizontes”. De esta manera, se vuelve un intercambio constante que promueve el crecimiento, además de que es el espacio ideal para establecer una relación muy humana con los otros, comenta: “El ser humanista es romper esas barreras e ir al encuentro del diálogo y la empatía con el otro. El escenario de ser un docente en humanidad debe tener esta apertura de horizontes, diálogo y reflexión. Posibilitar los intereses personales en el otro”.
A través de la Filosofía, la maestra Beatriz pudo fortalecer sus habilidades, además de que se percibe, a sí misma y a todos los colegas, como agentes de cambio. Considera indispensable la escucha y la comprensión, así como el hecho de llevar una vida congruente, amando la vocación y aprendiendo constantemente a partir del intercambio y el respeto:
“Me gusta enseñar, relacionarme, y la interacción que se puede tener, aunque también me agrada estar en la coordinación. Es un espacio que me ha posibilitado establecer diálogo, empatía y apoyo. Es un lugar donde los estudiantes vienen para tener una zona de confort. Es un espacio de resguardo para dialogar, que no me vean como una autoridad que impone, sino como una autoridad de amistad, acompañamiento, escucha y orientación. Trato de ver cosas que en su momento nos faltaron y nosotros podemos dar”- afirma.
Por todo lo anterior, es notable que el compromiso de la maestra surge desde una vocación honesta e íntegra, ella visualiza que su rol en la Facultad de Filosofía y Letras tiene el propósito de generar un ambiente más humano, tanto para estudiantes como para docentes. Encuentra satisfacción en el aprendizaje diario que se vive mediante la conexión con los otros, además de que observa la docencia como un espacio para desenvolverse, incluso como un sitio de catarsis. Finalmente, la maestra cierra con un mensaje fuerte para colegas alumnos y docentes:
“Amen su vocación, amen lo que hagan abran posibilidades, eso les va a permitir tanto un beneficio personal como social. Vivan este escenario de las humanidades, aprendan a mirar al otro, a establecer discursos, empatía y responsabilidad social y personal. Traten de mediar sus emociones o hacer catarsis para poder lograr sus propósitos, cuando la mente está bien, todo lo físico y social estará bien”.



Saludos a mi gran amiga y hoy día colega Bety, quien lo iba siquiera a imaginar, que luego de vivir tantas emocionantes experiencias en la preparatoria fuéramos a fijarnos en esta bellísima y noble profesión “La Docencia” desde la carencia personal y el hallazgo del “futuro mejor” no solo para nosotras, sino para compartir. ¡Wow, admirable, respetable y querida Maestra Bety!…¡Felicidades! Excelente entrevista, me hubiera fascinado poder escucharla en podcast o video podcast, completa.