Día del Maestro: un recorrido por las historias que dieron vida a la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana
- Filoletras UATx
- 15 may
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Carolina Martínez, Ariadna Michelle y América Lizbeth | Filoletras
15 de mayo 2026
En los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras, donde el viento suele susurrar versos entre los muros, la historia de la Licenciatura en Lengua y Literatura se explica por las manos que han abierto un mundo de posibilidades para nosotros a través de la literatura. Este Día del Maestro más que una fecha en el calendario es un pretexto para detener el tiempo y mirar hacia atrás, hacia esos profesores que plantaron las primeras semillas cuando la facultad era apenas un sueño en blanco y negro. Ellos, llenos de la sabiduría que solo dan las décadas de lectura, esculpieron el alma de nuestra carrera, dejando su huella en el corazón de generaciones que hoy son el eco de sus voces.
Las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Tlaxcala han sido habitadas, durante décadas, por profesores que hicieron de la enseñanza una forma de vida. Más allá de las clases, los planes de estudio o los proyectos académicos, sus trayectorias quedaron ligadas a la formación de generaciones enteras de estudiantes y al crecimiento de la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana. En el marco del Día del Maestro, este reportaje reúne las voces del profesor Joel Dávila, la profesora Andrea Olimpia Guevara Hernández y la profesora Micaela Morales López, quienes, desde distintas experiencias y momentos de la facultad, reflexionan sobre la docencia, las humanidades y el significado de dedicar una vida a las letras.

De la cátedra a la fundación: un recorrido por la vida del docente que consolidó nuestra comunidad literaria
El profesor Joel Dávila, quien vio nacer la facultad cuando apenas era un pequeño departamento en donde las aulas se sentían como una familia, ha dedicado más de treinta y cinco años a cultivar el pensamiento crítico en Tlaxcala. Con la sencillez de quien se sabe humano antes que iluminado, hoy nos comparte su travesía: desde aquellos primeros días hasta la satisfacción de ver sus propias enseñanzas florecer en las páginas y los éxitos de sus alumnos.
La entrada del profesor al mundo de la docencia no fue un plan premeditado, sino un encuentro temprano y fortuito a los 20 años. Mientras cursaba el segundo año de Letras Españolas en la Universidad Autónoma de Puebla, participó en una convocatoria para una plaza en un nuevo bachillerato de la propia universidad, obteniéndola tras presentar un examen de oposición, iniciando su camino docente como profesor hora clase impartiendo la materia de Taller de Redacción y Literatura. Aunque inicialmente lo motivó la búsqueda de independencia económica, con el tiempo y la formación académica, descubrió una profunda pasión por la enseñanza.
En 1986, su camino profesional dio un giro decisivo hacia Tlaxcala. En aquel entonces, la actual facultad era apenas un departamento que ese mismo año se transformó de Departamento de Idiomas a Departamento de Filosofía y Letras. Fue así como la licenciatura de Idiomas cambió a Lingüística Aplicada y se abrieron los programas de Historia y Literatura Hispanoamericana, y Filosofía un año después.

En su camino hacia la docencia el profesor Joel Dávila cuenta que únicamente fue contratado por seis meses con la posibilidad de ampliar seis meses más su contratación, la cual finalmente se prolongó 35 años. Fue maestro fundador de la facultad y el segundo coordinador de la licenciatura: responsable de conformar las primeras academias del programa y echar a andar, junto a los estudiantes, actividades formativas, de las cuales aún se mantienen; el Festival de "La Muerte Tiene Permiso" y la inclusión de las áreas de comunicación, periodismo, guionismo y técnicas editoriales.
El profesor Joel recuerda los primeros años como una etapa idílica y pacífica, donde la planta docente y los alumnos formaban una pequeña familia. Pues cuenta que los estudiantes locales eran inicialmente tímidos y respetuosos, y las clases se concentraban en la mañana debido a las limitaciones del transporte público de la época. A lo largo de las décadas, observó la actualización de los planes de estudio, la mejora de las instalaciones y el fortalecimiento de una planta académica.

Para el docente, el aula siempre fue un espacio de novedad y diálogo, exigiendo un compromiso de actualización constante frente a las nuevas generaciones. Considera que el momento más significativo de su carrera es el éxito de sus exalumnos: ver sus publicaciones, posgrados y compromiso docente le brinda la satisfacción de saber que su trabajo vive en ellos.
Finalmente, el profesor Joel Dávila hace un llamado a la constancia y la sensibilidad. Subraya que, a pesar de los avances tecnológicos, la sociedad siempre necesitará de las humanidades por su capacidad de imaginar mundos mejores y su búsqueda de una sociedad menos injusta. Exhorta tanto a estudiantes como a colegas a abandonar el individualismo y a no claudicar nunca en sus sueños.

Andrea Olimpia Guevara Hernández: formar desde el teatro y las letras
Acompañando la construcción de un proyecto académico que con el tiempo terminaría consolidándose como uno de los espacios más importantes para las humanidades en el estado, se encuentra la maestra Andrea Olimpia Guevara Hernández, profesora que dedicó cerca de cuatro décadas a la enseñanza y cuyo recorrido profesional quedó profundamente ligado al crecimiento de la facultad.
Ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras en sus primeros años significó habitar un espacio todavía en construcción. Las aulas, los programas y las dinámicas universitarias comenzaban apenas a tomar forma. La maestra Olimpia recuerda que llegó en 1987, apenas un año después de la fundación de la carrera, cuando el entonces Departamento de Filosofía y Letras buscaba abrirse camino dentro de la vida cultural y académica de Tlaxcala.

“Encontré una licenciatura justo en la promoción de su quehacer formativo y de difusión cultural entre la sociedad tlaxcalteca y las universidades de la región”, explica. En aquel momento, recuerda, existía un pequeño grupo de docentes que compartían el entusiasmo por echar a andar el proyecto universitario. Había apoyo institucional, pero también una fuerte convicción colectiva de que las letras podían convertirse en un espacio importante para la formación cultural del estado.
Con el paso del tiempo, la licenciatura comenzó a transformarse. La profesora recuerda especialmente el trabajo de quienes impulsaron la actualización de los planes de estudio y comprendieron la necesidad de adaptar la carrera a las exigencias académicas y laborales de cada época. Entre ellos menciona a Joel Dávila Gutiérrez, coordinador que promovió varias reestructuraciones importantes hasta llegar al cambio de nombre de la licenciatura: de Literatura Hispanoamericana a Lengua y Literatura Hispanoamericana. Para la maestra Olimpia, estas modificaciones fueron fundamentales en la consolidación del programa académico.
La construcción del prestigio de la licenciatura no ocurrió únicamente dentro de las aulas. También se fortaleció a través de proyectos culturales y académicos que comenzaron desde finales de los años ochenta. Uno de ellos fue el Encuentro de Investigadores del Cuento Mexicano, realizado en 1989, foro que posteriormente se convertiría en antecedente del actual Congreso de Lengua y Literatura. La maestra Olimpia recuerda que este espacio ayudó a fortalecer la vocación investigativa tanto de profesores como de estudiantes, además de permitir vínculos con investigadores y universidades de otras partes del país e incluso del extranjero.
Otro de los proyectos que destaca es el Festival “La Muerte Tiene Permiso”, organizado por estudiantes de la carrera de Lengua y Literatura Hispanoamericana desde 1988 y convertido con los años en una tradición dentro de la facultad. Más allá de las actividades culturales y los concursos de calaveritas y ofrendas, este evento terminó consolidándose como un referente esperado por la comunidad universitaria y por distintos sectores culturales de Tlaxcala.

Al mirar hacia atrás, la profesora observa cómo la licenciatura fue afianzándose poco a poco gracias a generaciones de estudiantes que posteriormente ocuparon espacios importantes dentro de la difusión cultural, los medios de comunicación y el magisterio. Para ella, ese crecimiento representa uno de los resultados más valiosos del trabajo realizado durante tantos años dentro de la facultad.
Sin embargo, más allá de los cambios institucionales, hablar con la maestra Olimpia también implica escuchar una reflexión profundamente humana sobre la docencia. Ser profesora, explica, terminó convirtiéndose en “una gran aventura de vida”. Aunque al principio no tenía completamente claro lo que significaría enseñar, con el tiempo descubrió en el trabajo con los jóvenes una experiencia capaz de transformar también su propia manera de entender el mundo.
“Fui valorando el caudal de experiencias al trabajar con jóvenes, de verlos crecer personal y académicamente, de motivarlos y hacerlos amar el español y su literatura, el teatro, principalmente”, menciona. Para ella, la enseñanza no solo implicó transmitir conocimientos, sino también aprender constantemente de quienes pasaban por las aulas.
A lo largo de casi cuarenta años, fue testigo de múltiples transformaciones dentro de la facultad: la renovación de los planes de estudio, el crecimiento de la matrícula, la ampliación de las instalaciones y la consolidación de un cuerpo académico más amplio. Aunque reconoce que las humanidades atraviesan actualmente una etapa compleja por la disminución del interés por ciertas áreas del conocimiento, los cambios culturales y las nuevas dinámicas educativas, considera que la licenciatura continúa enfrentando los retos contemporáneos con esfuerzo y compromiso, especialmente ahora que vive un proceso de transición generacional entre los docentes.
Entre los momentos más significativos de su trayectoria, la profesora recuerda especialmente la incorporación del estudio del texto dramático dentro del mapa curricular y la creación del grupo de teatro de la licenciatura. Aquella iniciativa, nacida de años de insistencia y trabajo académico, dio origen al proyecto “Serpientes y Escaleras”, espacio donde muchos estudiantes encontraron una nueva forma de acercarse a la literatura y descubrir otras posibilidades creativas.

Para la maestra Olimpia, el teatro representó una posibilidad distinta de acercar a los estudiantes a la literatura, pues considera que, a través de él, la comunidad estudiantil “descubre o aviva su talento, vive otras vidas y se reencuentra consigo misma y con las letras”. Esa visión de la enseñanza, vinculada no solo al conocimiento académico sino también a la experiencia humana y artística, atravesó buena parte de su trayectoria docente.
En el marco del Día del Maestro, sus palabras funcionan también como una especie de testimonio para las nuevas generaciones. A los estudiantes les pide aferrarse a las letras y convertirlas en un refugio capaz de acompañarlos a lo largo de la vida. A los docentes, les recuerda la importancia de seguir transmitiendo la pasión por el conocimiento y de hacer de cada clase una experiencia significativa.

“La docencia es una elección y una forma de ser”, afirma. Después añade una frase que parece resumir el sentido completo de su trayectoria: “aprendes y enseñas y enseñas y aprendes de todo y con todos”. Y casi como una conclusión natural de toda una vida dedicada a las aulas, la maestra Olimpia Guevara sostiene: “No me arrepiento de mi elección y volvería a ser docente eternamente”.
Hoy, después de años de trabajo dentro de la Facultad de Filosofía y Letras, el legado de la maestra Olimpia Guevara permanece no solo en los proyectos académicos que ayudó a construir, sino también en generaciones enteras de estudiantes que encontraron en sus clases una manera distinta de acercarse a la literatura, al teatro y a las humanidades. Para quienes hoy habitamos las aulas de la licenciatura, su trayectoria representa también una parte fundamental de la memoria y de la identidad de la facultad, construida gracias al esfuerzo constante de profesores que dedicaron gran parte de su vida a sostener y fortalecer este espacio universitario.
La docencia como trayectoria noble y comprometida: Micaela Morales López
Otra mirada significativa al crecimiento de la licenciatura viene de la doctora Micaela Morales López, catedrática reconocida desde hace varias generaciones, pues ella, comenzó su experiencia por la facultad siendo alumna, para más tarde convertirse en docente. Durante su etapa de estudiante, formó parte de la primera generación, que comenzaba sus estudios en el año 1986, cuenta que ingresaron alrededor de 30 estudiantes y egresaron sólo 6. Puede vislumbrar entre sus memorias al primer coordinador, Juan Ventura Sandoval, oriundo de Veracruz a quien sigue apreciando a pesar de los años. En dicha época, la planta docente era conformada por profesionales de otros estados, entre ellos, Puebla, Ciudad de México y Xalapa, y entonces aquí destaca el Mtro. Joel Dávila Gutiérrez, quién sí era de Tlaxcala, y posteriormente la integración de la Mtra. Olimpia Guevara Hernández. Ambos figuran como cimentadores de las letras tlaxcaltecas.
De aquel periodo universitario, la doctora Micaela atesora a los docentes que tuvo, pues ellos con entusiasmo forjaban la primera emisión de la licenciatura, sin embargo, cuando habla de Juan Bañuelos, existe una mención especial,afirma: “Me vio crecer como estudiante e investigadora y me apoyó mucho para la publicación de mi primer libro sobre literatura indígena” Asimismo, destaca que como primera generación de estudiantes de literatura tuvieron el privilegio de conocer a grandes escritores y críticos literarios, por nombrar algunos: Eraclio Zepeda, Edmundo Valadés, Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska.
Tras egresar de la licenciatura, fue invitada a impartir clases, aunque admite que en su plan de estudios no se le daba mucha focalización a la práctica docente, tomó el reto con emoción y se comprometió para prepararse en el área y dar lo mejor de ella. En un inicio se enfocó en la teoría literaria, con sus estudios de maestría, más adelante, se formó en pedagogía, y hoy en día, con orgullo, es integrante de REDIIE (Red Internacional de Investigadores en Educación) con sede en Chile. Lo anterior, le ha permitido actualizarse en teorías pedagógicas, metodologías activas de enseñanza- aprendizaje, en estilos de aprendizaje, en el diseño de material didáctico y en el uso de tecnología educativa. De igual modo, comparte que en esta etapa correspondiente a la docencia, lo más significativo ha sido colaborar en la gestión y organización de eventos académicos.
Volviendo al presente, la doctora comenta que, luego de casi cuarenta años de la fundación de la licenciatura, hay cambios notorios en distintos aspectos: en la planta docente, en los Planes de Estudios y en la organización de actividades académicas. La planta docente de la licenciatura sabe que es fundamental incentivar el intercambio académico y cultural, y prueba de ellos son los proyectos extraordinarios, por ejemplo: en 1989 se inició el Encuentro de Investigadores del Mexicano que tuvo 15 emisiones, con sus respectivas publicaciones. Años después, en 2004 se dio paso a los Encuentros de Literatura Hispanoamericana, los cuales al principio se trabajaron en colaboración con embajadas como: Cuba, Chile y Colombia. En la actualidad, la doctora ve como un gran éxito que la licenciatura cuenta con la revista internacional: Pirandante desde 2018. Por otro lado, considera que los estudiantes también han contribuido a fortalecer la licenciatura con la organización del Festival “La Muerte Tiene Permiso", mismo que desde 1989 a la fecha, es un referente de la carrera de Letras. Por lo tanto, la construcción de la licenciatura no ha sido gratuita, sino que el crecimiento se debe al esfuerzo estudiantes y profesores, pues no podrían existir unos sin los otros.
Así, la docencia no es cosa cualquier, más bien se trata de una profesión noble, en la que los docentes se involucran de muchas formas con sus estudiantes, también es una vocación que persiste toda la vida, para la doctora Micaela ser docente no termina con el horario académico, sino que trasciende el aula: “Dedicarme a la docencia es una actividad gratificante, especialmente, cuando veo los logros de mis estudiantes. Platicar con los egresados reafirma mi decisión de ser docente, porque creo que en algunos he dejado huella y el gusto por la enseñanza y la investigación.”

Actualmente, la doctora Micaela reconoce en la docencia no sólo un trabajo, sino una oportunidad para crecer como persona y de forma intelectual: “Ha estimulado mi imaginación y me ha enfrentado a diversos retos. Durante mi trayectoria he vivido cambios importantes tales como la transformación del espacio físico de la facultad, ahora se cuenta con más salones, cubículos, una biblioteca y el CIDELM. También es importante reconocer que nuestra universidad cuenta con un modelo educativo, el Modelo Humanista Integrador basado en Capacidades.”
Además, para la doctora no es fácil elegir las mejores experiencias en la profesión, ya que comenta: “Considero que he vivido varios momentos muy especiales, fui maestra consejera divisional, coordinadora de la licenciatura en dos ocasiones, tuve la oportunidad de representar a la licenciatura en foros internacionales en Argentina, Chile, Colombia y Francia. Uno que considero muy grato fue participar en Bellas Artes, en el homenaje In Memoriam al Maestro Juan Bañuelos en el año de 2018”.
De esta manera, observamos que la licenciatura surgió del entusiasmo de grandes docentes, así mismo, la evolución que ha tenido, se debe al trabajo arduo de alumnos y docentes, quienes no sólo se preocupan por los conocimientos, también por la cultura, las artes, la convivencia y el reconocimiento que nace del corazón. Tal como expresa la doctora Micaela: “La labor de los profesores es un trabajo silencioso, en apariencia, sin grandes méritos, pero no hay que olvidar que formamos y transformamos personas, ahí está la esencia del ser maestro”. Por último, la doctora extiende una felicitación afectuosa a los docentes y la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, así como de la facultad de Filosofía y Letras porque: “Ser docente exige organizarse al máximo para cumplir con todas las actividades: docencia, tutorías, investigación y gestión”. De igual modo, le deja un mensaje a los estudiantes en formación, pues la doctora insiste en que hacen falta docentes comprometidos que: “siembren la semilla del saber, que transforman realidades y contribuyan al bienestar de las personas”.
Con motivo de la celebración del Día del Maestro, reconocemos a todos los docentes que han dedicado su vida a la enseñanza con esmero, paciencia y humanidad. Especialmente, a quienes con pasión y perseverancia sostuvieron la iniciativa de forjar la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, así como a todos aquellos que laboran en la Facultad de Filosofía y Letras, pues sostienen el pensamiento reflexivo y humano, la cultura y la creatividad de muchos estudiantes que han tenido el placer de transitar por sus aulas, logrando así una transformación positiva y de crecimiento personal basada en valores, sensibilidad y fervor.



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