De sobrevivir al silencio a iluminar el camino: 20 años de resistencia LGBT+ en Tlaxcala
- Filoletras UATx
- 9 abr
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Yamila SORIANO | Filoletras
9 de abril de 2026
El activismo es una forma de resistencia, acompañamiento y de visibilización de realidades que, muchas veces, son silenciadas por el estigma y la discriminación. La labor de Omar Corte Espinosa nos propone una mirada empática sobre la comunidad LGBT+ y el VIH en Tlaxcala, a través de la acción comunitaria y la creación de redes de apoyo, su trabajo explora la relación entre la prevención, la justicia y la dignidad humana. En esta entrevista, nos comparte más de dos décadas de trayectoria y la manera en que la defensa de los derechos se convierte en una herramienta para transformar y salvar vidas.
Su acercamiento al activismo comenzó cuando apenas tenía 15 años, en una época donde el panorama de la comunidad LGBT+ y el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) era distinto y desolador. En aquel entonces, vivir como una persona de la comunidad con el virus significaba enfrentarse a la clandestinidad y a un sistema administrativo deficiente, donde los medicamentos llegaban a destiempo, provocando que las/los/les pacientes avanzaran a la etapa de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), sin posibilidad de retorno. Fue precisamente el dolor de perder a personas cercanas lo que encendió la chispa de su lucha:
“Llegó un momento en el que pensé que ese podría ser mi destino, pero me cuestioné: ¿por qué tiene que ser así? Afortunadamente, conocí a personas que me enseñaron que el activismo no es solo manifestarse, sino exigir con argumentos e información. Desde ahí decidí actuar para que las cosas funcionaran y para que nadie más tuviera que morir. Dije: Ya no más, no tenemos por qué pasar por esto”, relata.

A lo largo de más de veinte años de trabajo, Omar ha sido testigo de importantes avances, pero también reconoce las barreras que persisten en la sociedad tlaxcalteca. Entre los retos más urgentes señala la violencia fuera de las zonas céntricas y la revictimización por parte de las autoridades al momento de denunciar crímenes de odio. Asimismo, enfatiza la violencia estructural vivida por las personas de la comunidad trans, quienes al carecer de documentos de identidad que correspondan a su género, se enfrentan al rechazo sistemático que las/los/les empuja a la marginación, la situación de calle y el trabajo sexual como única vía de supervivencia.
Por otro lado, la desinformación sobre el VIH sigue costando vidas. A pesar de que las estadísticas estatales muestran que la mayor incidencia de VIH en Tlaxcala se da en la población heterosexual, el prejuicio mantiene viva la falsa creencia de que es un "asunto exclusivo de homosexuales".
Frente a esta cadena de vulnerabilidades y, al notar que muchas personas de la comunidad terminaban en las calles, Omar decidió ir un paso más allá. Lo que comenzó en 2024 como un refugio improvisado en su propia casa, se formalizó en una organización de apoyo bajo el nombre de "Nunca dejes de brillar". El proceso de formación del grupo se enfrentó a la discriminación institucional: notarías en Tlaxcala intentaron censurar sus estatutos por enfocarse en la población LGBT+, obligándolos a buscar su constitución legal en el estado vecino.

Hoy, los tres pilares sobre los que se sostiene firmemente la organización son brindar refugio, hacer incidencia en temas de VIH y defender los derechos humanos. Dentro de su labor diaria, el grupo acude al Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS) desde las siete de la mañana, para vigilar que los medicamentos se entreguen, gestionar grupos de apoyo, acompañar a quienes temen hacerse la prueba y exigir que la profilaxis post-exposición (PEP) llegue a las víctimas de violencia sexual. Es así como, en el contacto con la vulnerabilidad de la comunidad y de las personas que viven con VIH, nace el nombre de la organización:
“Mucha gente llega violentada a nosotros, en su peor momento, y lo que les decimos es nunca dejes de brillar. Les recordamos que las cosas van a cambiar y que, con apoyo y acompañamiento, volverán a ser ellos mismos”.
Para Omar, el cambio real exige salir de la burbuja comunitaria e integrar a toda la sociedad. A través de iniciativas como el "Decálogo del buen trato hacia la comunidad LGBT" y la reciente creación del "Punto Arcoíris", un distintivo otorgado a restaurantes y bares que se capacitan formalmente en derechos humanos, buscan la erradicación de la discriminación en espacios recreativos y formar alianzas genuinas.
“Queremos aliados reales, no solo negocios que ponen una bandera en el mes del orgullo y la quitan en julio”, señala.

Su trabajo no conoce límites cuando se trata de ayudar al otro. Con la mirada siempre puesta en los sectores más vulnerables, Omar también aprovecha sus plataformas para organizar colectas destinadas a asilos de personas ancianas en situación de abandono, demostrando que la solidaridad no tiene etiquetas. De esta forma, su trayectoria se consolida como un espacio donde la exigencia legal, la educación y la compasión se entrelazan, reafirmando que el activismo es, ante todo, un acto de empatía y resiliencia, destinado a devolverles el brillo a quienes la sociedad ha intentado olvidar.



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