Arte y comunidad: entrevista a Yeriot Jocsan, artista ceramista y escultor
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Carolina Martínez | Filoletras
24 de marzo
La cultura y el arte son herramientas esenciales para la vida en comunidad. No solo comunican ideas, sino que también generan vínculos y despiertan conciencia, funcionando como un motor que impulsa la participación y la transformación social. En este contexto destaca el trabajo de Yeriot Jocsan Meneses Romero, artesano, ceramista y escultor de Calpulalpan, Tlaxcala, que ha hecho del arte un medio para acercar la creatividad a su comunidad. Actualmente dirige su propia galería de arte llamada "Galería Zamá", y forma parte del colectivo Bestias, Flores y Leyendas.

El acercamiento de Yeriot al arte no provino de una formación académica especializada, sino de un proceso que se fue construyendo con el tiempo. Aunque estudió Turismo, su interés por la cerámica surgió cuando comenzó a tomar un curso los fines de semana. Lo que inicialmente era una práctica ocasional se transformó gradualmente en su actividad principal y, con el tiempo, también en una labor redituable, consolidando su trayectoria artística de manera progresiva.
Más allá de la técnica, su relación con el arte está atravesada por la necesidad de que las piezas tengan un sentido que trascienda lo decorativo. Frente a la producción que responde únicamente a la demanda comercial, Yeriot plantea una postura clara que orienta su trabajo:
“Para mí arte, artesanía e historia van de la mano, porque yo trabajo mucho con historia. No me gusta sacar piezas que no tengan un contenido histórico. Me causa un poco de molestia que en zonas turísticas se te antoja una pieza —una cerámica, una pintura o alguna prenda— y preguntas cuál es la historia detrás o cuál es su significado, y muchas veces no te saben decir; salen con que es lo que se vende, lo popular, lo que todo el mundo hace, y pierde un poquito la magia […]. Por eso me gusta mucho la historia, y a partir de ahí empecé a decir: voy a hacer piezas con historia, con cosas del patrimonio regional de Calpulalpan, después de Tlaxcala, luego de México, y ya después está la libertad de hacer piezas inspiradas en otros lugares del mundo”.

Esta decisión no solo define su proceso creativo, sino también el tipo de obra que produce, en la que busca integrar elementos del patrimonio en distintos niveles. En ese camino, la creación de la Galería Zamá marcó un punto importante: surgió inicialmente como un espacio práctico para colocar y vender sus piezas, pero con el tiempo se convirtió en un punto de encuentro donde cada objeto artístico se acompaña de una explicación, de una historia. La historia, especialmente la de las culturas prehispánicas, se ha convertido en uno de los ejes de su producción; su interés no radica en reproducir formas, sino en comprenderlas desde la práctica, observando piezas en museos y planteándose preguntas sobre ellas. En ese proceso, la cerámica y la escultura se transforman en herramientas para aproximarse a ese pasado desde otra perspectiva. Como explica:
“Cada vez que voy a los museos y veo piezas así, me imagino muchas cosas. Es muy misterioso porque, a diferencia de otras culturas, aquí se perdió bastante, entonces no sabemos realmente qué pensaban o por qué todo giraba en torno a los dioses. Me inspira porque quiero comprenderlos; sé que ni los antropólogos terminan de hacerlo, pero creo que con la cerámica y la escultura puedo acercarme de otra manera, al hacer las piezas, al pensar cómo las hicieron”.
Esta reflexión sobre el pasado no se queda únicamente en el plano teórico, sino que se convierte en una parte central de su práctica. Para Yeriot, el acercamiento a las culturas prehispánicas y a la historia en general también implica un ejercicio de comprensión personal y colectiva. En sus palabras, se trata de un proceso que permite asumir la complejidad de la identidad: “si comprendemos el pasado y lo aceptamos, aceptamos que somos parte de los ancestros originarios, parte de los de los españoles, de los europeos, entonces estamos un paso adelante para ser mejores personas”. Esta idea se vincula directamente con el sentido que le da a la Galería Zamá, concebida no solo como un espacio de exhibición, sino como un lugar de intercambio. La interacción con el público forma parte de ese proceso: “muchos llegan preguntando qué significa esto y no tengo ningún problema en contarles, si no se llevan nada pues está perfecto el punto es que haya retroalimentación, una buena charla”. Así, más que centrarse únicamente en la venta, su interés está en propiciar el diálogo, la retroalimentación y la posibilidad de que el arte funcione como un medio para reflexionar sobre el pasado y su lugar en el presente.

Sin embargo, el desarrollo de su trabajo no ha estado exento de dificultades. Desde su experiencia, el lugar del arte dentro de las prioridades sociales condiciona su crecimiento: “todo va por niveles, primero el derecho a la salud, al alimento, a la seguridad, y casi hasta el final están las artes”. Esta jerarquización se traduce en la falta de espacios y en el cierre de oportunidades institucionales, lo que obliga a buscar otras formas para compartir el arte. En este contexto surgió el colectivo Bestias, Flores y Leyendas, con Yeriot participando activamente y promoviendo su creación desde el inicio. La iniciativa nació de la necesidad de dar continuidad a proyectos expositivos y de crear un espacio propio ante la falta de opciones. Se trata de un colectivo que reúne a artistas y artesanos de Calpulalpan, así como de otras regiones como Tlaxcala y Puebla, quienes se organizan para realizar eventos y compartir su trabajo. De esta manera, lo que comenzó como un grupo reducido ha crecido y actualmente reúne a más de treinta artistas de distintas disciplinas, como joyería, pintura, fotografía, entre otras.
El colectivo no solo ha permitido ampliar las posibilidades de exhibición, sino también fortalecer el trabajo en comunidad. Para Yeriot, esta dimensión es clave: “lo que no puedo hacer como persona, como grupo sí se puede resolver, la verdad es que hemos tenido más impacto como comunidad que como artistas solitarios”. A través de esta organización han logrado gestionar espacios, establecer contactos y abrir oportunidades que de manera individual serían más difíciles de alcanzar. Además, el proyecto tiene un enfoque claro en torno al territorio. A través de las piezas, buscan reflexionar sobre el patrimonio natural y cultural de la región, así como sobre su deterioro. En este sentido, el nombre del colectivo remite a elementos que consideran fundamentales: las especies, las plantas y las narraciones locales. La intención no es solo representarlas, sino también generar conciencia sobre su cuidado en Calpulalpan.
La proyección de su trabajo también ha alcanzado espacios institucionales como el Museo de Arte de Tlaxcala (MAT), donde ha tenido la oportunidad de exhibir y comercializar parte de sus piezas. Esta presencia no solo representa un avance en su trayectoria, sino también una forma de dar mayor visibilidad al trabajo artesanal contemporáneo vinculado con el patrimonio regional. La llegada a este espacio surgió a partir de la gestión y la búsqueda de alternativas ante la falta de apertura en otros recintos, lo que finalmente derivó en la posibilidad de colocar sus piezas en la tienda del museo. Actualmente, su obra puede encontrarse ahí como parte de la oferta cultural del recinto, por lo que visitar el museo se convierte también en una oportunidad para conocer y adquirir piezas que integran historia, identidad y trabajo artesanal local.

En conjunto, tanto la Galería Zamá como el colectivo Bestias, Flores y Leyendas responden a una misma preocupación: la falta de acceso y reconocimiento del arte en la comunidad. Frente a ello, Yeriot plantea una postura directa sobre su importancia:
“Creo que tenemos un poco de revolucionarios, de decir que con el arte también nos pueden escuchar. En nuestra comunidad, muchos luchan por derechos humanos, salud y justicia; nosotros lo hacemos desde nuestra trinchera, trabajando por la cultura. La cultura es un derecho de todos, por eso seguimos adelante, creciendo. Ojalá pudiéramos llegar a más estados, viajar al norte y al sur, soñar en grande. La clave es no detenerse y mantener siempre ese impulso.”
De este modo, la práctica artística trasciende la creación individual para convertirse en un motor de diálogo y transformación social, fomentando la participación y el acceso cultural en la comunidad. Su trayectoria refleja la importancia del trabajo colectivo, consolidando el arte como una herramienta de diálogo, pertenencia y crecimiento compartido.




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